Kuwait: Liberen a Musallam al Barrak y a todos los demás presos y presas de conciencia

[Mohammad al Humaidi, director de la Sociedad Kuwaití de Derechos Humanos, leerá la presente declaración en público y en voz alta el 16 de abril de 2016 en Kuwait]
Estimados amigos y amigas:
Nos unimos a ustedes hoy para pedir la liberación inmediata e incondicional de Musallam al Barrak, cuando se cumplen tres años desde que el Tribunal Penal de Kuwait lo condenara. Amnistía Internacional lo considera preso de conciencia, ya que se lo ha recluido solo por ejercer pacíficamente su derecho a la libertad de expresión.
Su encarcelamiento y el deterioro general del respeto a la libertad de expresión en los últimos años ha empañado el historial de Kuwait de relativa tolerancia en la región. Kuwait se granjeó su reputación en la década de los sesenta, cuando garantizaba a sus ciudadanos y ciudadanas más libertades políticas que las que ofrecían otros países de la región. En términos generales, comentaristas, periodistas y activistas políticos y de derechos humanos han sido capaces de operar con cierto grado de libertad en comparación con los países vecinos, y la ciudadanía ha tenido libertad para hablar, escribir, comentar y criticar al gobierno o aspectos concretos de la sociedad sin miedo a la detención.
Pero desde 2011, en vista del aumento de las críticas, y en un contexto regional inestable, las autoridades han tomado una serie de medidas que han menoscabado seriamente los derechos humanos, sobre todo el derecho a la libertad de expresión.
En los últimos años, el gobierno ha reducido el espacio a la sociedad civil independiente, usando restrictivas leyes, tanto nuevas como ya existentes, para perseguir a quienes lo critican, a los defensores y defensoras de los derechos humanos, a oponentes políticos y a algunos comentaristas. Las autoridades han aplicado la ley sobre nacionalidad para despojar de su ciudadanía a quienes las critican, y para enviar a otras personas una clara advertencia sobre las consecuencias de manifestar opiniones.
Una de esas personas es Musallam al Barrak. Se manifestó en contra de lo que parecía una falta de transparencia del gobierno y criticó al poder judicial.
Fue arrestado a finales de octubre de 2012, después de hablar ante una concentración que se había formado en la plaza de Erada. Clamó contra "la pérdida de tiempo y el desperdicio de recursos" por parte del gobierno. E hizo un llamamiento al emir diciendo: "Su Alteza, en nombre de la nación no le dejaremos propiciar un régimen autocrático […], ¿cómo quiere pasar a la historia? ¿Quiere que se recuerde que bajo el mandato de Sheij Sabah al Ahmed las personas líderes de opinión eran encarceladas?"
Criminalizar la crítica pacífica es un error. El ejercicio del derecho a la libertad de expresión, garantizado en el derecho internacional de los derechos humanos -que Kuwait está obligado a respetar-, protege el discurso que pueda considerarse ofensivo. Sin embargo, en mayo de 2015, tras un largo proceso judicial, el Tribunal de Casación confirmó la sentencia condenatoria contra Musallam al Barrak y la pena de dos años de prisión por "menoscabar la condición del emir", según el artículo 25 del Código Penal, y Musallam ha permanecido en prisión desde junio de 2015.
Amigos y amigas, hay decenas de otras causas judiciales contra él. Hace solo tres días, el Tribunal Penal anunció que Musallam al Barrak se enfrentará a una nueva sentencia. En un momento concreto de 2014, llegó a enfrentarse a al menos 94 procesos penales diferentes. Tal volumen de causas abiertas pretende acosar e intimidar a Musallam al Barrak, así como castigarlo por criticar al gobierno y al poder judicial, y disuadir a otras personas críticas que manifiestan sus opiniones. La acusación y posterior sentencia condenatoria contra 67 personas que participaron en el discurso de octubre de 2012 fue igualmente una forma de intimidación, y socava los derechos fundamentales en Kuwait.
La libertad de expresión sustenta el ejercicio de muchos otros derechos humanos. Por esta razón podemos pedir rendición de cuentas a los gobiernos y a sus representantes, podemos elevar nuestros motivos de preocupación sobre la administración de la justicia, y podemos pedir la liberación de presos de conciencia en Kuwait como: Abdullah Fairouz, Ahmad al Damji, Ayad Jaled al Harbi o Hamad al Naqi, y otros presos y presas de conciencia en el resto del mundo.
La misma razón nos permite pedir al gobierno de Kuwait que establezca un mecanismo independiente, con derecho de apelación; que se ocupe de las solicitudes de nacionalidad kuwaití presentadas por personas bidun (apátridas); nos permite manifestarnos contra la revocación de la nacionalidad de ciudadanos kuwaitíes; abogar por los derechos de las mujeres, de los niños y las niñas y de los trabajadores migrantes; criticar el uso de la nueva ley de delitos informáticos y otras leyes que tienen por objeto restringir arbitrariamente la expresión y la disidencia, o la preocupante aparición de un discurso que justifica los malos tratos.
Amigos y amigas, Kuwait está en una encrucijada. No es demasiado tarde para dar marcha atrás y revertir la tendencia negativa en materia de derechos humanos, evidente desde 2011.
Instamos a las autoridades a detener la confiada propensión hacia una restricción total de la expresión pacífica y de otros derechos. Pedimos a los actores internacionales, en particular a Estados Unidos y a Reino Unido, aliados clave de Kuwait, que hagan mucho más para apoyar la reforma de los derechos humanos en este país, y que ayuden a prevenir una espiral de represión y castigo aún mayor.
Estamos hoy junto a ustedes mostrando nuestra solidaridad para con Musallam al Barrak, y pedimos al gobierno de Kuwait que lo libere y retire todos los cargos contra él en relación con el ejercicio pacífico de su derecho a la libertad de expresión.
Instamos a las autoridades a respetar y proteger la libertad de expresión y a cooperar con el Parlamento y la sociedad civil para garantizar que todas las personas disfrutan de los derechos humanos en Kuwait.

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